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Ruido sobre ruido - Diego Cortés

Lector en formato libro

Libro abierto
Este libro de poemas me llegó de la mano de majo, una amiga de Rafaela que no veo hace años y que siempre comparte poemas en su perfil. Le consulté por el título y lo pedí por mercado libre, porque el autor es de Córdoba y sólo se edita y se comercia allá. Escribir sobre libros de poemas puede ser más difícil que escribir sobre otro tipo de libros, porque a los poemas *hay que leerlos*. Igual, a todos los libros de alguna forma *hay que leerlos* y ninguna reseña o comentario puede decir mucho ni poco más de lo que dice una reseña o un comentario, que no es el libro.
Así que voy a hablar más de mi vínculo con este poemario y de lo que hizo conmigo cuando lo leí. Ruido sobre ruido se mueve entre una primera persona que camina en una calle desierta y una segunda persona que no tiene voz ni rostro, un interlocutor que es todo lo que alguna vez pasó por esa calle pero ya no está. Mientras lo leía me produjo la misma sensación de sequedad, de sed, que cuando leí The Waste Land o Pedro Páramo. Como si todo sucediese ahí y no fuese para ningún lado. Es un poemario gris, de arena. Hay camas vacías y
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Ruido sobre ruido - Diego Cortés

Este libro de poemas me llegó de la mano de majo, una amiga de Rafaela que no veo hace años y que siempre comparte poemas en su perfil. Le consulté por el título y lo pedí por mercado libre, porque el autor es de Córdoba y sólo se edita y se comercia allá. Escribir sobre libros de poemas puede ser más difícil que escribir sobre otro tipo de libros, porque a los poemas *hay que leerlos*. Igual, a todos los libros de alguna forma *hay que leerlos* y ninguna reseña o comentario puede decir mucho ni poco más de lo que dice una reseña o un comentario, que no es el libro. Así que voy a hablar más de mi vínculo con este poemario y de lo que hizo conmigo cuando lo leí. Ruido sobre ruido se mueve entre una primera persona que camina en una calle desierta y una segunda persona que no tiene voz ni rostro, un interlocutor que es todo lo que alguna vez pasó por esa calle pero ya no está. Mientras lo leía me produjo la misma sensación de sequedad, de sed, que cuando leí The Waste Land o Pedro Páramo. Como si todo sucediese ahí y no fuese para ningún lado. Es un poemario gris, de arena. Hay camas vacías y colectivos llenos, hay baldíos y hemorragias, como en las vidas de todes. Pero entre el movimiento de lo que se cuenta, hay una quietud que me hace acordar a algo que me dijo mi compañera de casa el otro día, mientras charlabamos. Por alguna situación que ya no recuerdo (o no quiero recordar), le contaba que me había dado cuenta que, entre tantas cosas que hacía, no tenía idea de quién *era yo* (sic) sin eso. Como si ocupase mi vida en llenarla de cosas para sumarle atributos, adjetivos a un ente sin sustancia. Como si hubiese perdido la condición de sustantivo propio (no determinable, ya especificado en su propia naturaleza) de tanto sumar adjetivos. Mi compañera de casa me dijo que quizá tenía el miedo más común del mundo: el de darnos cuenta que no hay nada atrás de todo eso, de que no somos nadie (en contracara a ese "ser alguien" de las películas yankis) y no tenemos por qué serlo, de que somos como cualquier otre, y de que esa nada es la que nos constituye (o mejor dicho: no nos constituye nada) y en la que aprendemos a transitar, sin tanta carga ni tanta responsabilidad frente al mundo o a nuestra propia vida. En ese espacio creo que transcurren los poemas. En el espacio vacío que hay atrás de los atributos, en el que estamos todes cuando estamos solxs, cuando nadie sabe donde estamos. Es un poemario que leo y que releo infinitas veces. Quizá porque está en un lugar al que le tengo miedo, o porque me coloca como una cachetada frente a mis sábanas transpiradas y sucias, o porque me hace darme cuenta que tengo que ventilar mi pieza y regar las plantas del balcón. Qué se yo. Espero que les guste tanto como me gustó a mí, y les disguste tengo como también me disgustó a mí.