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Memorias del subsuelo - Dostoievsky

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Portada de Memorias del subsuelo - Dostoievsky
Cuán miserable puede ser un hombre que se sabe conocedor de todo y de sí mismo al punto de ser incapaz de concebir una otredad alguna, cualquiera, más que la propia voz del resentimiento. Una conciencia extrema sobre sí mismo lo vuelve incapaz de actuar, como si el exceso de reflexión impidiese al cuerpo cualquier movida por precaución, para evitar el riesgo. Un exceso de palabras que deja al cuerpo inmovilizado: cualquier argumento tiene, para quien sabe argumentar, un contraargumento igual de válido. El hombre del subsuelo se bate y rebate consigo y contra sí mismo, y se debate también con los demás adentro suyo. Porque todos son, de cierta forma, más estúpidos que él, ya sea aquellos que han logrado más en la vida y a quienes odia profundamente, como sus compañeros de clase de la secundaria, o a quienes por estupidez extrema han quedado relegados a los espacios más oscuros del mundo y de quienes se mofa, como la prostituta. Quienes tienen mas son detestables con sus aires de superioridad, pero sobre todo, envidiables al punto de comerse los dedos de odio, y quienes tienen menos son, por sobre todas las cosas, la tranquilidad de que uno no es el último olvidado del planeta, de que todavía se puede ejercer poder sobre alguien, herir a alguien con las palabras para que su miseria sea si es posible mayor que la nuestra. El hombre del subsuelo ha creado con las palabras su propia prisión, y es incapaz de escapar de ella. Cada palabra que dice lo atrapa aún más en el hundimiento en que se ha sumergido y del que no tiene ninguna forma de huir. Porque para huir del subsuelo tiene que huir de su propio mundillo de palabras, un mundillo creado en el monólogo interior y de una cantidad absurda de libros leídos que le permiten argumentar para todos lados sin encontrar nunca un suelo firme sobre el que apoyar una idea o apoyarse a sí mismo. Porque el hombre del subsuelo es, como Madame Bovary, como el Quijote, un mal lector. Un lector que de tanto leer se ha convertido a sí mismo en el héroe de una novela desarmada, pero adquiere en el progreso de esta todas las características de un antihéroe: cobarde, cínico, inadaptado, ambiguo y contradictorio. Pero es también mucho más complejo que los otros dos antihéroes: no confunde realidad y ficción. La ficción de las palabras lo ha absorbido a tal punto que no puede huir de ella, la realidad del mundo desaparece ante la posibilidad de su discurso de construir todas las realidades posibles superpuestas y así no llegar a vivir nunca en ninguna de ellas. Ha leído mucho más que literatura. Ha leído todo y su discurso se conforma de discursos ajenos nunca interiorizados, discursos que se chocan entre sí y ante cada circunstancia bloquean al hombre del subsuelo que se queda parado y su accionar llega siempre cuando ya es demasiado tarde. 2026