Cecilia escribe como quien mira por la ventana. Los libros que leí de ella son livianos y claros, con el cielo celeste del verano santafecino, los mosquitos y el río. Los libros que leí de ella me gustan porque hablan de una vida que camina lento, se ensucia las manos con barro y mata insectos contra la pared. La primera novela que leí de Cecilia fue La Ballena, hace varios años. Siempre había querido escribir algo sobre esa novela, que usé para dar clases y que recomendé hasta el cansancio, pero después compré esta por casualidad en Del otro lado –porque la ví y porque me había gustado la otra y porque tiene dibujos hermosos de plantas y árboles y pájaros- y me quedé pasmada con su capacidad de silencio. El silencio de Rincón a la mañana, el silencio del río, como esas películas sin soundtrack que sólo se escuchan los movimientos de los objetos, la garrafa de gas siendo empujada, el ladrido de un perro, el paso de los caballos.
Llegar finalmente a casa me gusta, y mucho, porque habla de la soledad. Del silencio y de la soledad. Pero no habla de una soledad contrapuesta a otra cosa, no se expone como ausencia, como falta, como suplicio. En la novela la soledad llena todo lo que sucede. De vez en cuando van amigos, pero sobre todo hay soledad y perros y limpiar la casa y mirar los árboles y eso me encanta porque es de verdad algo nuevo. En la novela de Cecilia no hay amores ni desamores ni nada que ocupe ese lugar que siempre está como ausencia o como presencia pero que tapa todo lo otro. Las novelas de Cecilia son todo lo otro. No sé si esa es su mayor particularidad ni lo que las identifica, pero es lo que a mí me encantó: una novela que no repite relatos, que no hay sufrimientos grandes ni derrotas inmensas ni amores corrompidos ni deseos infernales. Una novela sostenida sobre los ganchos de una hamaca paraguaya colgada de un patio que da al río y los perros y el frío y el barro y me gusta además porque tampoco es una oda a la soledad, ni un romance solitario ni una melancolía de horizontes. Es simplemente la soledad de un cotidiano escrita en un relato que no repite relatos, donde se lee lo que se lee y no el sinfín de historias conocidas que buscamos siempre que leemos algo nuevo. Ni el amor, ni la tristeza ni la soledad ni la alegría caen en los lugres comunes ni en los adjetivos conocidos. Están ahí, simplemente, cuando Cecilia se levanta e intenta sacar al pájaro que se le metió por la ventana.
2021