Cesoteca

El desafío poliamoroso - Brigitte Vasallo

Lector en formato pagina

El primer libro que quiero compartir es este, de Brigitte Vasallo. En primer lugar, porque es el último libro que leí, y en segundo lugar, porque es el que me llevó a decidirme por abrir esta cuenta. A la autora la conocí por alguna publicidad del libro que había visto por ahí, pero no me retuve mucho en prestar atención porque, a ser sincera, todo lo que incluye la palabra “poliamor” me la seca. Me resulta una palabra gastada, manoseada, como la expresión “responsabilidad afectiva”, significantes vacíos disponibles a ser llenados por cualquier cosa que sea conveniente al momento de hacer lo que se nos raja el culo y nos conviene (y hablo en primera persona porque no soy ajena a ese circuito de manipulación de categorías). Me acerqué a ella, sin embargo, a través de una entrevista que publicó Mauricio, un amigo, en Facebook. En el fragmento que él había seleccionado para compartirla, decía: “la manera en que yo defino el sistema monógamo no está en el hecho de tener una pareja de un tipo concreto o con exclusividad sexual. Sino lo defino como esta forma de organización social en la que el centro de la sociedad es la pareja”. De ese fragmento fui a la entrevista y de la entrevista al libro en una misma tarde. Es que la idea de que la contracara de la monogamia no tiene que ver con la multiplicidad sexual, sino con la desjerarquización de la pareja era una idea que venía dándome vueltas en la cabeza hace tiempo. Por un lado, el trabajo personal para descentrar el amor romántico como horizonte relacional: esa idea de que ejerzo la libertad sexual hasta que encuentre a la persona indicada –indicada para qué?-, y esa otra idea (de recontra mierda) que sostiene que en ese encuentro se definirán la madurez emocional, la estabilidad afectiva, etc. Por otro lado, las conversaciones con mis amigas sobre las posibilidades de formar otra clase de vínculos centrales: de envejecer juntas, de vivir siempre entre amigues, de proponer otros modos que se alejen de la familia tradicional, del vivir de a dos, del compartir la cama (matrimonial?) con la misma persona todas las noches. Brigitte viene un poco a hablar de todo eso con una claridad hermosa. Explica las formas en que se gesta la monogamia como sistema y los modos en que se sostiene como única inteligibilidad posible basada en los conceptos de hombre-mujer y de heterosexualidad, pero excediéndolos y abarcándolos (cf., en este sentido, El pensamiento Heterosexual, de Wittig, y el concepto de “línea abismal” de Souza Santos, trabajado este último por Vasallo en el capítulo 2). Construye el concepto de “redes afectivas” basadas en una ética del cuidado (y no en la ética de la justicia que sostiene la mayor parte de los “contratos” relacionales poliamorosos como si fuesen compra-venta de casas) que me recuerda al concepto de “amistades políticas” gestado por Leonor Silvestri en Foucault para encapuchadas (otro libro del que seguramente hablaré en algún momento): un espacio de vinculaciones afectivas donde se habilite la subjetivación de todas las partes, donde la contracara del amor romántico no sea, nuevamente, impuesta por el capitalismo: el consumo de cuerpos-objetos; un espacio donde la libertad no esté vinculada al consumo y donde el cuidado no esté vinculado a la romantización. Habla también (vinculándolas al concepto anterior de “redes afectivas”) de la necesidad de construir nuevas formas del deseo que nos libren de los ideales de belleza hegemónicos. Este último punto, particularmente, me interesa, porque el otro día hablando con unos amigos sobre Leonor Silvestri y su crítica a la forma de vinculación “sugar daddy” como gerontofóbica, un amigo me preguntó cuántos años tenía Leonor y, tras la respuesta, me dijo: “bueno, eso es porque está vieja y es fea”. Lo dijo en broma pero no tanto. Y de eso también habla Vasallo: de la revolución de lxs excluídxs, lxs nunca emparejadxs, lxs indeseables, de todxs a lxs que quitarle el monopolio del deseo a la hegemonía estética se convierte en la única vía posible para vivir (para amar, para coger). Creo que podría estar escribiendo sobre este libro una tarde entera, porque queda todo por decir. Pero no tengo intenciones de agotar lecturas sino de invitar a leer y de que cada une se encuentre con Vasallo desde intersecciones que les resuenen en sus vidas personales y en sus lecturas, en sus vínculos, en las formas de levantarse y tomar el primer mate del día. Nos vemos en unos días con la próxima entrada, espero sus comentarios sobre este libro y sobre lo que tengan ganas de comentar. 2021