Como en todas las novelas que más me gustó leer en estos últimos años, en El corazón es un cazador solitario no hay grandes acontecimientos. No hay grandes acontecimientos, ni grandes personajes, ni grandes periplos ni grandes anagnórisis. No hay tampoco una gran historia, con desarrollos concatenados de hechos que desembocan en el más esperado o inesperado de los finales.
Es, como su título lo indica, una novela sobre el silencio. Una novela sobre el silencio y la soledad en la que transitan sus vidas cinco personajes en una pequeña ciudad de Giorgia, al Sur de Estados Unidos, a mediados de los años ’30.
Una niña, un médico, un sordomudo, un alcohólico, el dueño de un bar. Un negro, un joyero, un comunista, una futura música, un viudo. Los personajes están atravesados por las condiciones en las que les toca existir, y en esas condiciones cada personaje lleva adelante una vida que siempre, siempre, podría haber sido otra, pero no lo es.
Sin embargo no es una novela de frustración ni de reconocimiento. No se huele a Dostoievski ni a Bukowski. Cada vida lleva adelante una normalidad atravesada siempre por algún deseo que nunca se llega a develar del todo. La narrativa de la vida de cada personaje podría constituir una historia separada, cinco historias con cinco ritmos diferentes, cinco finales diferentes, incluso cinco géneros diferentes. Todas son historias que posiblemente ya hemos escuchado: la historia de un hombre blanco que sueña con la revolución comunista, la de un hombre negro que lucha por la igualdad de los derechos. La de una niña que eventualmente deja de serlo, la de un hombre que atiende su cantina y un día pierde a su mujer. La de un hombre cuyo único deseo es visitar a su mejor amigo, internado en un hospital psiquiátrico a varias horas de su ciudad. Pero no es la individualidad de cada historia sino su simultaneidad lo que constituye el lento avance de la novela. Y sobre todo, aquello que une las cinco historias: la soledad de un corazón que busca, constantemente, sin llegar nunca a encontrar. Es el título más acertado que leí en mucho tiempo. Los personajes no tienen ninguna cualidad excepcional, sólo tienen un corazón y buscan. Buscan a veces no saben qué, y buscan en lugares inhóspitos, errados. Una de las cosas que más me gustó de la novela es que los personajes podrían haber sido cualquier otro, que las circunstancias podrían haber sido otras. Porque no es la historia de cinco personas, sino la historia del corazón humano, que se entiende y se desentiende consigo mismo todo el tiempo, que construye deseos y los persigue, que acierta y fracasa, que creer saber y se tropieza en la ignorancia. La historia del corazón (cómo me gusta manosear esa palabra, gracias McCullers por ponerla de título) que nunca deja de cazar.
La soledad tiene en la novela un desenvolvimiento también muy particular. Ningún personaje está, de hecho, solo. O no es la soledad de sus vidas lo que constituye la raíz de sus historias, como podría leerse en los cuentos de algunos escritores malditos donde el despertarse sólo en un sillón cada mañana lleva a un hombre a preguntarse por el sentido de su vida. La soledad no es un hecho circunstancial, ni la búsqueda, la “caza”, un resultado de un proceso de reconocimiento de alguna verdad o de alguna desesperación o algún inconformismo. No son las circunstancias lo que constituyen ni la soledad ni la búsqueda. Ambas características son, como bien se explicita en el título, esenciales del corazón humano. El corazón es un cazador solitario. Más allá de las circunstancias, de lo que puede acercar o alejar entre ellas la vida de cinco personajes que se entrecruzan entre sí, lo que los une es la naturaleza de su corazón. Y la soledad es ese lugar adentro de cada uno, “la habitación interna” de Mick, donde guardamos desordenados nuestros deseos, nuestros miedos, nuestros odios y nuestros dolores, y donde vamos a escarbar cada vez que no sabemos cómo responder a algo, dónde ubicarnos, qué hacer. Un lugar al que podemos acercarnos, como Mick de niña, como Singer en su habitación; o del que podemos alejarnos, como Blount cuando va al bar, como Mick cuando crece.
En la novela, además, no hay juicios, no hay moralidad. Sólo cinco personajes que, frente a circunstancias diversas (desde la más terrible hasta la más vulgar) buscan una forma de seguir adelante, o no.
La novela me llegó en un momento que no podría haber sido otro. La esencialidad de su título podría también hoy ser el título de lo que intento reconocer como mi vida. La soledad en que, al fin y al cabo, siempre se termina desarrollando nuestra vida, la soledad de esa habitación adentro nuestro a la que nadie tiene acceso, la soledad de esa cacería en la que intentamos vivir y amar y hacer algo con esta vida que siempre parece desconcertarnos con sus regalos y sus patadas en el estómago, pareciera ser lo único que, en última instancia, nos pertenece y nos iguala a todos.
2023