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Bartleby y compañía - Enrique Vila-Matas

Lector en formato pagina

Preferiría no hacerlo Hace muchos años mi cuñada me regaló un libro que se llamaba Bartleby y compañía, y era una historia de la literatura que nunca fue escrita. De los escritores que, sin dejar de serlo, nunca escribieron. Más que una historia, de verdad el libro es una compilación de hechos, autores y textos desordenados, unidos solo por su condición potencial, que sin haber sido escritos nunca sin embargo existieron y existen. Como la obra de Herbert Quain, o el Quijote de Pierre Menard. Ese texto me llevó a conocer al escribiente, el personaje silencioso del cuento de Melville que mira por la ventana sin venir de ningún lado ni dirigirse nunca a ningún lugar. Ese cuento tiene una de las frases más inolvidables de la literatura. Cada vez que el narrador, su jefe, le pregunta si podía o deseaba hacer algo, Bertelby, el escribiente, responde: preferiría no hacerlo. De chica siempre, en mi casa, recibí una crítica que se prolongaría luego a lo largo de mi vida a las bocas de mis amigues y de mis compañeres de casa: no te gusta ayudar. No te gusta hacer nada, más que estar sentada haciendo lo que a vos te interesa. Cuando me preguntan: querés ayudar? No, pero lo hago Querés cocinar? No, pero bueno, lo hago Querés ordenar? No, pero bueno, lo hago Mi analista me preguntó, en la última sesión, si me gustaba mi trabajo, y Bartleby apareció en mi cabeza como una iluminación de lo que efectivamente estoy sintiendo respecto de todo lo que sucede en mi vida: Preferiría no hacerlo Hacerlo por inercia. Hacerlo por deber. Hacerlo por dinero. Hacerlo para no morir. Hacerlo porque sí. Hacerlo por miedo. Preferiría no hacerlo Normalmente se habla de la capacidad de hacer. El hacer cosas tiene un valor vinculado a varios parámetros: la cantidad, la calidad, la diversificación. Como un objeto en venta. El Instagram, además, como vidriera. Una suma de capacidades, talentos, experiencias y anécdotas acumuladas. Incluso cuando se hace poco: se hace con dignidad, con calidad. Se hace incluso sin ganas, pero se hace. Por deber. Porque no hacer no es efectivamente nunca una opción. E incluso cuando parece serlo, como en las vacaciones, uno inventa cosas para hacer, para hacer durante el tiempo libre. Entrenar, leer, jugar. No hacer no es visto nunca como una opción. En ese sentido, es casi una idea inconcebible, de la forma más literal de esa palabra: no podemos concebirlo. No sabemos no hacer. Algunos dicen no hacer nada mientras meditan. Pero meditan, eso implica ya una voluntad y una puesta en disposición del cuerpo y la mente que precisa todo el tiempo de una conciencia activa. Algunos mientras se drogan, o mientras toman birra con amigues. Hacen, llenan el cuerpo, los pulmones. El hígado constantemente recibiendo información. La risa. No hacer. Vaciar absolutamente al cuerpo de todo ruido, apagar cualquier capacidad de percepción, anular el tiempo. No hacer como el no hacer de los gatos: sentarse en la ventana al sol, para nada. No sé si me gusta mi trabajo. La verdad, preferiría no hacerlo. Quizá disfruto eventualmente de estudiar, pero normalmente, preferiría no hacerlo. A veces disfruto de entrenar. Leo libros porque me llenan el tiempo que no sé dejar vacío. Incluso cuando cojo, a veces preferiría no hacerlo. Y qué querés hacer? Nada. Y de qué pensas vivir? Ese es otro problema. Por eso voy a analista, por eso quizá me medico hace tantos años 2022