Cesoteca

odiarnos

Lector en formato libro

Libro abierto
Hay dos manos limpias Al borde de mi cuello No son las mías Me tocan sin detenimiento y piensan ¿qué hacemos acá? ¿por qué siempre terminamos acá? Ninguno de nosotros Tiene otro lugar a dónde ir y además nos gusta no querernos
estar acá un rato por las noches hasta que a alguno le dé sueño y se vaya sin saludar y además nos gusta no dormir juntos ni conocer nuestros amigos ni nuestros trabajos saber qué jabón usamos y nada más
1-2 / 7

odiarnos

Hay dos manos limpias Al borde de mi cuello No son las mías Me tocan sin detenimiento y piensan ¿qué hacemos acá? ¿por qué siempre terminamos acá? Ninguno de nosotros Tiene otro lugar a dónde ir y además nos gusta no querernos estar acá un rato por las noches hasta que a alguno le dé sueño y se vaya sin saludar y además nos gusta no dormir juntos ni conocer nuestros amigos ni nuestros trabajos saber qué jabón usamos y nada más nos preguntamos muchas veces si esto que compartíamos tenía algo de amor quizá nos queríamos sin habernos dado cuenta preferimos decir que no: ¿mirá si un día queremos dormir juntos y tomar café y todo esto se va a la mierda? ¿a quién le diríamos vení dos horas y andate? Que hermosa gratitud hay en dejarme no quererte y en dejarte no quererme en eso de salvarnos del peso de querernos y tener que vivir con eso ¿mirá si cada vez que golpeo tu cara hasta que azulea debería preguntarme cómo hacés a la mañana siguiente para ir a trabajar? ¿mirá si cada vez que ponés todo tu peso en mi garganta deberías preguntarte cómo hago a la mañana siguiente para volver a despertar? Los dos sabemos que compartimos algo que nos une y nos hace volver acá una inercia que va desde mis pelos al orgasmo desde tus pies hasta tu semen es todo lo que necesitamos del otro y sabemos que podemos dárnoslo cuando queremos y dejar de hacerlo cuando queremos y que mientras eso no se rompa todo está permitido todo lo que no nos animamos afuera está permitido acá quizá incluso nos queremos porque nos elegimos entre nosotros para odiarnos