odiarnos
Hay dos manos limpias
Al borde de mi cuello
No son las mías
Me tocan sin detenimiento y piensan
¿qué hacemos acá?
¿por qué siempre
terminamos acá?
Ninguno de nosotros
Tiene otro lugar a dónde ir
y además nos gusta
no querernos
estar acá un rato por las noches
hasta que a alguno le dé sueño y se vaya
sin saludar
y además nos gusta
no dormir juntos
ni conocer nuestros amigos
ni nuestros trabajos
saber qué jabón usamos
y nada más
nos preguntamos muchas veces
si esto
que compartíamos
tenía algo de amor
quizá nos queríamos sin habernos dado cuenta
preferimos decir que no:
¿mirá si un día queremos dormir juntos y tomar café
y todo esto se va a la mierda?
¿a quién le diríamos
vení
dos horas
y andate?
Que hermosa gratitud hay
en dejarme no quererte
y en dejarte no quererme
en eso de
salvarnos del peso de querernos y tener que vivir con eso
¿mirá si cada vez
que golpeo tu cara hasta que azulea
debería preguntarme
cómo hacés a la mañana siguiente
para ir a trabajar?
¿mirá si cada vez
que ponés todo tu peso
en mi garganta
deberías preguntarte
cómo hago a la mañana siguiente
para volver a despertar?
Los dos sabemos
que compartimos algo que nos une y nos hace volver acá
una inercia
que va desde mis pelos al orgasmo
desde tus pies hasta tu semen
es todo lo que necesitamos del otro
y sabemos que podemos dárnoslo
cuando queremos
y dejar de hacerlo
cuando queremos
y que mientras eso no se rompa
todo
está permitido
todo
lo que no nos animamos
afuera
está permitido
acá
quizá incluso nos queremos
porque nos elegimos
entre nosotros
para odiarnos
