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nueve puertas

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Las puertas de mi casa fueron nueve las conté un día que mi vecina estaba a los gritos y me quise mudar en ese momento eran ocho, después me mudé a otro continente y nunca más volví a ver a mi vecina vomitando el baño tuve siempre vecinos desgraciados y por desgraciados digo: sin gracia y por sin gracia digo: caídos en desgracia
mi vecina la de veinte hijos y treinta perros cuya cara nunca vi mi vecino que le decían el negro pero mi mamá le decía marrón y tenía un quiosco y se murió en un accidente de moto mis vecinas que iban a la iglesia protestante y discutíamos entre la diferencia de la hostia y el pan después dejamos el barrio y hasta muchos años después los vecinos no tendrían rostro
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nueve puertas

Las puertas de mi casa fueron nueve las conté un día que mi vecina estaba a los gritos y me quise mudar en ese momento eran ocho, después me mudé a otro continente y nunca más volví a ver a mi vecina vomitando el baño tuve siempre vecinos desgraciados y por desgraciados digo: sin gracia y por sin gracia digo: caídos en desgracia mi vecina la de veinte hijos y treinta perros cuya cara nunca vi mi vecino que le decían el negro pero mi mamá le decía marrón y tenía un quiosco y se murió en un accidente de moto mis vecinas que iban a la iglesia protestante y discutíamos entre la diferencia de la hostia y el pan después dejamos el barrio y hasta muchos años después los vecinos no tendrían rostro esa fue una buena época teníamos una casa chica rodeada de edificios y escuchabas voces y conocías las costumbres pero después cuando los veías en la calle no había forma de saber había uno que cantaba zamba y yo iba al patio y lo escuchaba cantar estoy segura que era el hijo mayor de una madre con muchos hijos y un marido que llegaba tarde de trabajar y les gritaba a mí me daba miedo y me acuerdo que mi mamá me dijo así debo haberme escuchado yo cuando ustedes eran chicos en Barrio Jardín mi siguiente casa fue en otra ciudad arriba de una librería de monjas y después en un edificio insípido en otro país y después de nuevo otra casa de vecinos sin rostro así llegué a mi primer edificio de departamentos un señorío digno de describir: la señora del cuarto piso con su pelo blanco y lacio hasta los hombros que conoció a todos los chicos que fueron a casa y que me hacía chistes hasta que un día hizo arreglar el techo y me avisó pero yo me olvidé y usé el baño igual y ella vino llorando la señora del piso dos que no me dejaba atar las bicis en la baranda de la vereda ni en el árbol del patio de luz ni subirlas por el ascensor la señora del piso diez que conocía a mi papá y nos quería hasta que le cortamos el gas todo un club de señoras de pelo blanco subiendo termotanques eléctricos por el ascensor mi casa número siete es la que más amé: en mi casa número siete tuve doscientas setenta y tres plantas dos patios y un balcón una cama inmensa donde durmieron más de cien personas y el centro de una manzana repleta de gatos que entraban al dormitorio como si fuese su casa y dormían la siesta conmigo y después se iban y no volvían como si entendiesen las reglas del lugar esa casa podría haber sido mi vida y habría sido hermosa si no fuese porque me fui regalé mis plantas abracé a la Flo y me mudé a un monoambiente a dos océanos de distancia donde lo único que me gustaba era el cuadro de Klimt que coronaba mi cama igual al que hay en la casa de mis papás y que me robé del pasillo principal cuando llegué y vi los amantes recostados en un abrazo que debería haber sido de pie en ese cúmulo despojado de toda belleza vivíamos una pareja silenciosa de japonesas con quienes nunca hablé pero que limpiaban el baño y por eso y porque no hablaban me caían bien un inglés que se afeitaba sobre la bacha y dejaba los pelos ahí un español que me habría resultado simpático en otras circunstancias y la señora que empezó queriéndome y terminó gritándome can you pleeeeaaaase stop slamping the doooooors a esa casa le compré dos plantas y las regué y le llené el piso de sangre y de llanto y le puse mosquitero a las ventanas y dormí con personas a las que eventualmente amé y aun así fue la casa que menos quise ahora está la casa desde la que escribo esto y como una rueda que hubiese dado una vuelta completa (aunque no por eso va a dejar de girar) me siento como en mi primera casa en este pueblo como en mi primer barrio la gente cuchichea chismes de los que no me entero los chicos patean la pelota contra mi pared y juegan a las escondidas a los gritos mientras yo quiero dormir la siesta y me acuerdo de mi mamá que odiaba tanto a los vecinos y las pelotas de fútbol que caían en mi patio el verdulero pasa con su camión vociferando que tiene pomodoro melanzane y pesca un vecino canta a los gritos y no entiende por qué su compañero de casa lo abandonó y yo me levanto todas las mañanas y mientras me preparo el mismo desayuno que hacía mi mamá en la casa de Barrio Jardín para nueve personas reconozco que mi casa es cualquier lugar donde tenga una cama y un vecino para invitar a dormir 2023